Camino Verde – Prólogo: La historia del chibolo norteamericano que no sabía nada

Tourbillon_caminoverde_MBPodría hablarles de la organización Camino Verde y del trabajo que su equipo viene haciendo en su chacra a orillas del rio Tambopata, sin contarles la historia de vida de su fundador, Robin Van Loon. Podría explicarles en algunas frases de dónde viene, cuántos años tiene, hace cuánto vive en Perú y en Madre de Dios. Y podría ser suficiente. “Adelante”.

Pero no no, no lo haremos así. La historia de Robin me parece demasiada inspiradora para no perdernos un poco por el camino. Ademas, como ya saben, en ManoaBoca somos sentimentales y nos gusta los cuentos bonitos. Entonces, vamos, paso por paso. Camino Verde, prólogo: era una vez un “chibolo norteamericano que no sabía nada”…

Camino Verde – Prólogo: La historia del chibolo norteamericano que no sabía nada…

La primera vez que encontré a Robin, fue en Lima, un año atrás. Oli, una amiga en común, nos puso en contacto diciéndonos “Encuéntrense, se van a llevar bien…”. Ya pues. Nos sentamos en un café de Miraflores. Robin no tiene ni barba, ni pelo largo, ni pinta de hippie. Toda la apariencia de un “estadounidense regular”: 1,75 m, rubio, blanco, naricita respingada. Ambos gravitando alrededor de los 30 años, nos vamos contando la vida. A medida que aprendo de la suya, voy callando la boca y abriendo bien grande ojos y orejas.

Robin es la historia de “un chibolo norteamericano que no sabía nada” pero que decide, a los 19 años, alejarse del camino convencional y enderezar el rumbo de su destino.

Un viaje a Kenia a los 15 años había empezado la transformación del chibolo que se concretizaría más tarde en Perú. En África, Robin descubre la sabiduría de la medicina tradicional y de la agricultura campesina, pero también se enfrenta al problema del hambre y a la violencia de la represión de protestas populares.

La percepción de otras realidades, muy lejanas del mundo que había conocido desde la niñez, lo lleva unos años más tarde a vender todas sus pertenencias y usar sus ahorros de adolescente para dejar su Boston natal y irse solo a Perú. ¿La idea? Aprender a hablar castellano, quechua y conocer el uso indígena y tradicional de plantas medicinales. ¿Primera parada? Los Andes peruanos.

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Después de casi 20 anos, Robin volvió en África, en Uganda esta vez, para compartir su sabiduría en plantas medicinales y reforestación

“Estaba caminando mucho, yendo a comunidades campesinas en los alrededores de Cusco, molestando, haciendo preguntitas: ¿Para qué se usa esto? ¿Para qué se usa el otro? Y también, bueno, un chibolo norteamericano que no sabe nada.”

“Rápidamente aprendí que aquí hay mucha sobre posición entre la medicina y la comida, que la alimentación tiene mucho que ver con la salud y la curación.”

“Comencé a aprender más sobre qué quiere decir “relacionarse con la tierra”; qué quiere decir “producir o procurar la alimentación uno mismo” y no depender de tiendas de supermercado; deshacerme de muchas ideas, muchas perspectivas culturales que no tienen que ver con la mayoría de la humanidad, un poco quitar algunas máscaras aprendidas.”

“Para mí era también como una transformación personal profunda bien fuerte, darme cuenta que el mundo tal como lo conocía no era el único mundo y realmente no era el mundo en que yo quería vivir. Y bueno, como todo extranjero en Perú, al menos los que tienen criterio, también me enamoré de la comida, me enamoré de la papa, de la quinua, y ya después me enamoré de los productos de la selva, eso fue mucho después.”

 De una cosa a otra, su interés por las plantas medicinales lo lleva naturalmente a la selva. Sus raíces occidentales ya ligeramente “peruanizadas” se enfrentan a otro mundo desconocido, potente, y que eventualmente se convertiría en su casa: LA AMAZONIA.

“Bueno, cuando llegué a Madre de Dios, llegué de frente a una comunidad nativa. ¡Sentí, pucha, como si hubiera llegado al fin del mundo! Era una experiencia muy nueva, muy desconocida, muy tropical, de una manera que no había experimentado, ni en Cusco, ni en Lima, ni en la costa, era pfff… Estar en la selva, ¿no?”

“Y llegué en plena temporada de lluvia, había sancudos, había agua por todos lados. ¡El camino era un charco y el charco era un lago!

“Me impresionó mucho, tanto la fortaleza como el genio de la gente de la selva. Me costaba creer que la gente no sólo sobrevivía, sino que vivía bien en la selva porque para mí era muy viaje, muy nuevo.”

“No fue amor a primera vista. Pero después, conforme me iba entrando en la selva, pucha… es un lugar que como te puede escupir, también te puede acoger de una manera increíble. Nunca me he sentido tan “en casa” como me siento en la selva.”  

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También hemos experimentado la Comunidad de Infierno en temporada de lluvia…. :p

En la Comunidad de Infierno empiezan dos años de intenso aprendizaje con Don Ignacio, uno de estos extraordinarios curanderos de la selva. Dos años durante los cuales, Robin experimenta y aprende a relacionarse con los árboles y demás espíritus de la selva. Trocando el bosque de Sherwood por el de Tambopata, su afección desde la niñez por Robin Hood reviste asimismo un particular significado. Se enamora de la selva, “enfermizamente”. Los árboles se convierten en aliados, protectores, médicos, maestros.

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Uno de los maestros de la selva amazónica: el Shihuahuaco (Dypterix micrantha)

“Los árboles son más reales que casi cualquier otra cosa que conozco. Cuando tú estás en la presencia de un árbol, te cura, te cambia, te transforma.”

“La primera vez que ves un árbol de Lupuna (Ceiba pentandra), la primera vez que ves un árbol realmente grande, te marca. Las primeras veces que sientes un árbol grande chocar tierra, eso también te marca. Es fuerte. Lo sientes. Lo sientes dentro de ti. Cuando ves a un ser vivo caer, te tiene que venir a la mente la pregunta de si vale la pena.”

“¡Hay árboles fuertes, como que te pueden sacar la mierda! ¡Árboles que tienen espíritus muy fuertes! Casi todos los árboles así de grandes, de madera dura, son espíritus muy fuertes. Pero entre ellos algunos son un poco más suaves, un poco más cariñosos, un poco más orientados hacia la sanación. El Tahuari por ejemplo es un médico. Es un árbol muy sanador.”

Y es justo un Tahuari (Tabebuia impetiginosa) quien le va llevar al próximo capítulo de su vida, tres horas más arriba de la Comunidad de Infierno, a lo largo de su querido rio Tambopata. A los 24 años, Robin visita un terreno y decide empezar a vivir el sueño de su vida: ser campesino, sembrar sus plantas y abrirse un camino hacia la autosuficiencia alimentaria.

Robin“Me di cuenta que quería estar y seguir en la selva, vivir en la selva. Ya había conocido algunas plantas, algunos animales, un río muy especial que es el río Tambopata, y para mi gran suerte se dio la oportunidad de cumplir mis sueños de toda la vida de sembrar, de cultivar, de cosechar.”

“Sabía que quería estar en el rio Tambopata, no sabía por qué, pero es un río que tiene cierta magia. Y cuando vi por primera vez el lugar que ahora es el centro de reforestación de Camino Verde, lo sentí vivo, sentí que era un lugar que aún tenía vida. Fue lo que me llamó la atención.”

“Me acuerdo que llegué a la chacra caminando con el dueño, una caminata de casi cuatro horas. Cuando llegamos al terreno, el dueño decía “por aquí comienza”. Yo estaba medio zombi, medio cansado de la caminata y todo se veía bosque para mí, no diferenciaba los diferentes tipos de árboles.”

“Ese mismo día caminé con el hermano del dueño y me enseño un Tahuari. Un árbol hermoso de Tahuari. Yo había tallado Tahuari, había tomado Tahuari como medicina, era una planta bien querida. El hermano del dueño se acercó, lo tocó y dijo “está alto ¿no? Si mi hermano no te vende el terreno a ti, creo que de aquí a un mes le voy a hacer carbón a este”. Esa fue una de las cosas que me dejó allí como que “it is meant to be”. Es algo como del destino que yo tenía que llegar para salvar ese árbol. Ya después te das cuenta que tú no salvas a nada, el árbol te salva a ti. A veces miro a este árbol y digo “por este pata es que estoy aquí”.

Por “este pata” es que Robin llegó al bosque del rio Tambopata casi 10 años atrás y, al final, por “este pata” es que le fui a visitar en su chacra en noviembre 2014.

En el próximo capítulo, abriremos las puertas del Centro de Reforestación de Camino Verde y les expondremos con más detalle las actividades y las técnicas que Robin y su equipo están desarrollando allá. ¡Hasta pronto por el hermoso Tambopata!

Tambopata-river

¡Muchas gracias a Florie por transcribir la primera entrevista con Robin!

¡Muchas gracias a Miguel por revisar el español!

MIGUEL

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